FRAGMENTO: DISCOVERY SALUD

FRAGMENTO: DISCOVERY SALUD

Según los investigadores japoneses, como el organismo tiene que preservar el nivel alcalino de la sangre para poder mantenerse con vida los desechos ácidos que no logra eliminar los convierte en desechos sólidos.
Desechos que, cuando se acumulan, acaban compactándose y convirtiéndose en colesterol, ácido graso, ácido úrico, piedras en los riñones y vejiga, uratos, fosfatos, sulfatos, etc. produciendo un gran número de enfermedades. Es decir, taponan las arterias y los capilares provocando una deficiente circulación sanguínea incapaz de realizar la labor necesaria para mantener el organismo en condiciones saludables.
Porque cuando se reduce el suministro de sangre a los diferentes órganos y zonas del cuerpo empiezan a aparecer dificultades en el funcionamiento de los mismos. De hecho, hay investigadores que afirman que incluso muchas de las llamadas enfermedades degenerativas están causadas por un exceso de desechos ácidos tóxicos. W. Crile, ex director de su propia clínica en Cleveland (EEUU), sostiene por ejemplo que “no existe la muerte natural. Todas las llamadas muertes por causas naturales son sencillamente el punto terminal de una saturación de acidez en el organismo”.
Una opinión que junto a la de muchos otros especialistas fue recogida por Mary C. Hogle en su libro “Comidas que alcalinizan y sanan” en el que puede leerse:
“Cuando el cuerpo llega a los límites de tolerancia para los desechos tóxicos, tanto en el sistema digestivo como en cualquier otro tejido del organismo, comienza de inmediato un proceso de limpieza que puede tomar varias formas: diarrea, dolores de cabeza, gripes, erupciones cutáneas, abscesos, forúnculos, reumatismo, inflamaciones de los ojos o de otros órganos, cataratas, escalofríos, fiebres u otros síntomas que se conocen como enfermedad aguda. Pero todo esto tiene su origen en una sola causa: la acumulación de desechos ácidos en el organismo.”

Es más, los suplementos de vitaminas, minerales y otros oligoelementos que se toman muchas veces con la esperanza de mantener o mejorar la salud no son útiles si el organismo está acidificado por un exceso de residuos ácidos.
Pues bien, según los expertos japoneses el agua alcalina puede jugar un papel fundamental en la neutralización de esa acidificación ya que si se toma diariamente ayuda a eliminar gradualmente los desechos ácidos acumulados en el organismo. Y con una clara ventaja sobre cualquier dieta por muy natural que ésta sea ya que no agrega ningún tipo de desechos ácidos en el proceso de metabolización alimentaria.

El agua ácida tiene un número mayor de iones de hidrógeno (H+) que de hidróxido (OH-) -al contrario que la alcalina que tiene más iones de hidróxido que de hidrógeno- y por ello posee también más átomos de oxígeno. De ahí que el agua alcalina sea conocida como agua rica en oxígeno, elemento fundamental para todas las operaciones celulares. Sirva este ejemplo que vale la pena considerar: en un vaso de agua de 300 cc hay aproximadamente 10 seguido de 25 ceros moléculas de agua (H2O). Buen, pues si ese agua tiene un pH alcalino de 10 habría aproximadamente 10 seguido de 21 ceros de iones de hidróxido (OH-) y unos 10 seguido de 15 ceros de iones de hidrógeno (H+). Es decir, el número de iones de hidrógeno es una millonésima de los iones de hidróxido lo que es casi insignificante. Y es esa gran cantidad de iones de hidróxido la que permite neutralizar los iones de hidrógeno en el cuerpo reduciendo los desechos ácidos.

Incluso para sobrellevar una enfermedad tan grave como el cáncer podría ser positivo el uso de agua alcalina. Por su propia naturaleza física un sistema alcalino es rico en oxígeno, la sustancia más esencial para la vida humana. Y hace ya algunas décadas el Dr. Otto Warburg -único médico que ha ganado dos premios Nobel en vida en la misma modalidad– demostró que el cáncer es anaeróbico, es decir, se desarrolla en ausencia de oxígeno libre. Y, consecuentemente, es difícil que pueda desarrollarse en un ambiente de pH alto alcalino y, por tanto, cargado de oxígeno. De ahí que para Warburg el cáncer, además de innumerables causas secundarias, tenga una causa primaria: “La primera causa del cáncer -afirmaría- es el reemplazo de la respiración normal de oxigeno de las células del cuerpo por una respiración celular anaeróbica”.

Warburg explica que la carencia de oxígeno impide completar adecuadamente el proceso de combustión en la célula por lo que poco a poco se hace imposible la creación de células sanas, quemar energías y eliminar desperdicios. Y en esas condiciones al sistema inmune se le hace cada vez mas difícil resistir los ataques a que está sometido ya que las células y fluidos del cuerpo se intoxican. Obviamente, si permitimos que esa carencia de oxígeno se vuelva crónica el sistema inmune se va agotando y aparece la enfermedad. Los desechos ácidos depositados en algunas áreas u órganos provocarán la muerte de algunas células cuyos desechos se acaban convirtiendo a su vez en ácidos. Cuando el ácido se acumula en alguna zona del cuerpo (con excepción de los fluidos estomacales, que deben ser ácidos para remover la basura metabólica y digerir los alimentos) ésta se vuelve deficiente de oxígeno y -siempre según Warburg y quienes comparten su visión del cáncer- algunas células podrían adaptarse a ese ambiente y, en lugar de morir -como las células normales hacen en un ambiente ácido, aunque eso suponga la aparición de diversas enfermedades- sobreviven convirtiéndose en células anormales. Células anormales que no responden a los procesos biológicos naturales, crecen indefinidamente sin orden e inician un proceso cancerígeno.

Bueno, pues el agua alcalina, al permitir al organismo mantener un nivel interno rico en oxígeno, dificulta también el crecimiento de las células tumorales.

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